La caja era vieja, tan vieja como el mundo, el hombre la giró sobre sus manos.
-Nadie la ha abierto nunca- le dijo el anticuario.
-Pues entonces solo puede estar vacía- respondió John, y agitó suavemente aquel milenario objeto.
Silencio.
Nada.
El anciano anticuario perdió el color cuando vio aquello y le arrebató rápida y limpiamente la caja de entre las manos. Ambos se miraron.
-No está vacía- replicó nerviosamente el viejo, no parecía mentir aunque su rostro casi desfigurado lo hacía parecer un demente -y nadie la ha abierto.
-¿Como puedes saber que nadie lo ha hecho?- preguntó John realmente intrigado.
El anciano guardó la caja en su vitrina y solo respondió aquella pregunta una vez la hubo cerrado con la llave.
-Porque aún existe vida sobre la faz de la tierra.
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