Emma golpeaba rítmicamente la mesa con la boquilla del cigarro. Oteaba la oscuridad de aquella habitación en la que había despertado, un solo foco situado en el techo la iluminaba a ella, a la silla en la que estaba sentada y un trozo de aquella mesa.
-Cuéntame tu historia- dijo alguien sentado enfrente de Emma.
Aunque su voz era poco más que un siseante susurro el dueño de aquella voz no debería de encontrarse a más de un par de metros de ella.
Un mechero procedente del otro lado de la mesa se deslizó hasta las manos de la joven que lo cogió sin ningún tipo de reparo. Pese a lo extraño de aquel lugar y de aquella situación no tenía miedo, no se sentía en peligro así que encendió el cigarrillo y le dio una primera calada que le supo a gloria.
-¿Por donde empiezo?- preguntó la joven quizás para si misma.