domingo, 6 de mayo de 2012

La sensación única

El hombre se tumbó en la camilla. El científico se acercó cuando se hubo puesto cómodo y empezó a ajustarle las correas en manos y piernas, a colocarle los electrodos en su afeitada cabeza, a tranquilizarlo con palabras de ánimo.

-Vamos a comenzar con el experimento, señor. No se preocupe por nada. Va a experimentar…bueno, “vamos” a experimentar, si la experiencia sale bien, la llamada “sensación única“.

-Tengo curiosidad, doctor, ¿porqué es “única”?

-Porque solo se da una vez, por supuesto.

-Bueno, si pero…

El hombre de la bata blanca se apartó entonces de él, ajustando la máquina que se encontraba entre las dos camas, la del paciente y otra vacía. Cogió un finísimo y transparente tubo, acabado en una aguja, y pinchó con ella el brazo del paciente. Todo estaba dispuesto. El científico se tumbó en la otra camilla, se puso otro conjunto de electrodos en su también rasurada cabeza y se dispuso a comenzar el experimento.

-¿Se ha preguntado alguna vez si dos personas pueden sentir lo mismo al mismo tiempo?.- Dijo enigmáticamente el doctor.

-¿A que se refiere?

-A que dos personas, con el debido equipamiento y preparación, puedan sentir al mismo tiempo las mismas emociones, los mismos sentimientos. Que a una de ellas le pasen ciertos pensamientos por la mente y, a la vez, otro sujeto pueda captar todo eso en el mismo instante en que pasa.

-Pues nunca me lo he planteado.- Respondió el cada vez más extrañado paciente.

-Pues es posible.- El doctor encendió la máquina y puso en funcionamiento el proceso. – He demostrado que se puede hacer. He experimentado lo que siente una mujer al parir a su hijo, he captado los pensamientos de un niño acabado de nacer, he visto…en fin, cientos de cosas que nunca podría captar, pero me falta una, la más importante e íntima de una persona, la que no podría tratar de decir nadie, pues tras sentirla no hay posibilidades de estudio.

El paciente notó como sus músculos se relajaban por el efecto de la droga que fluía por el translúcido conducto que tenía cogido al brazo. Sus ojos se cerraban, y escuchó como en un sueño las últimas palabras del doctor…y las últimas palabras que escucharía en su vida.

-Ahora experimentaré lo que se siente al morir…

Los policías habían entrado a la fuerza en el siniestro laboratorio. La puerta colgaba, destrozada, de uno de los goznes que aún resistía valientemente. Las cortinas habían sido arrancadas, para permitir a los equipos de CSI analizar y recoger todo tipo de pruebas, porque iba a ser necesario un estudio en profundidad de qué había pasado allí. Dos hombres, uno de ellos un científico, el otro con pinta de vagabundo, se encontraban tumbados en sendas camillas. Tenían cables distribuidos uniformemente por la cabeza, y uno de ellos una aguja clavada en un brazo. Los dos habían muerto hacía ya varias semanas. Uno de ellos, según parecía, por el efecto de una potente droga que le habían administrado por vía intravenosa, pero el otro…”¿Cuál era la razón de su muerte?” Se preguntaban los detectives mientras analizaban las pruebas. La autopsia desvelaría, presumiblemente, lo que le mató, pero las conclusiones a las que llegarían los científicos no tendrían sentido. Lo que hizo que la muerte le llegara al cruel doctor fue tratar de experimentar en sí mismo algo que los seres humanos solo tienen derecho a sentir una única y definitiva vez. Por eso se llama “la sensación única”.

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